Halloween (o sea, Jalogüín)
Este país de pacíficas gentes solidarias que tanto detestan al yanqui se traviste de ridículo monstruito norteamericano cuando llega la fecha marcada por el Dios Mercado.
Cuando uno pierde su identidad, lo más fácil es que pierda todo lo demás. De postre, el estrambote: Halloween, léase Jalogüín, como dicen las comadres y los compadres. Aquí tenemos a centenares de miles de españoles, quizá millones, niños o adultos, que lo mismo da, dispuestos a disfrazarse de zombi, bruja, cadáver o calabaza al ritmo que marca la mercadería cultural de masas. Este país de pacíficas gentes solidarias que tanto detestan al yanqui se traviste de ridículo monstruito norteamericano cuando llega la fecha marcada por el Dios Mercado que nos rige. Los hierofantes del misterio mediático sahúman al ídolo bobo de la tele, que no habla con parábolas, sino con SMS. Ya no conocemos nuestra Historia –porque en la escuela no se enseña- ni recordamos a nuestros muertos, pero quizá por eso nos disfrazamos todos ...